
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
La muerte siempre desestabiliza. Al poco tiempo todo vuelve a su lugar, nos acomodamos. Pero ya nada es ni será igual. Despedimos a María Elena Walsh, una mujer de un estilo provocador, que se rebeló ante los mandatos de una sociedad que aún no daba lugar a la libertad de su espíritu.
Quienes la escuchamos de pequeños, sentimos que sí existían adultos que no nos subestimaban y que nos hablaban directamente sobre las cosas que en verdad importan. Luego vinieron algunas diferencias de opinión y de posicionamientos políticos. De todos modos, fue, sin duda, la marca de una generación. Y es nuestra tarea, la de todos los que crecimos a su lado, lograr que trascienda: eso es lo que yo hice con mis tres hijos.
Sólo nos queda inventar un reino del revés secreto, muy lejos, en donde podamos volver a encontrarnos con ella y corear bajito esas melodías que sabemos de memoria. No hay dolor. Esperamos el reencuentro. Cantando.